
LAS MANOS DE LA ILUSIÓN
Tengo ganas de gritar pero no puedo. Llorar lo hago un poco.
Hace mucho tiempo que no escribo en este blog. Tanto que ni recuerdo la contraseña para acceder a mi cuenta de escritura. Nunca, desde la última vez, encontraba una razón realmente valida para decir algo.
Hoy si que la tengo. Y traigo conmigo, el alma dolorida.
Vuelvo para homenajear a un amigo, a un amigo que nos ha dejado este fin de semana. Lluis Traverias nos ha dejado, en el sentido estricto de la palabra. Se ha ido voluntariamente, sin consultarnos, ni avisarnos. Y aunque soy de esas personas que reconocen el derecho de las personas que voluntariamente deciden irse de nuestro lado, porque creo que es un acto valiente y un ejercicio total de libertad, estoy triste y magullado en mi alma. Pocas veces y pocas muertes me han afectado como la suya. Quizás porque no se, no entiendo y me cuesta aceptar, si lo conozco, el porque.
Antes he utilizado la palabra amigo. Es una palabra que en mi vocabulario quiere decir todo y no quiere decir nada. Es una palabra extrema y remota dentro de mi vocabulario, porque soy una persona que tiene pocos amigos. No porque tenga mal carácter o porque sea alguien con el que es difícil de tratar, sencillamente es una opción voluntaria. No busco, ni guardo amigos. Pienso que el mundo está ahí, fuera de mí, y que las personas, que no son yo, vagan por él, como yo mismo, a la búsqueda de la felicidad. Por ello busco tener buena relación con todos aquellos que me tratan, y me tratan bien,... pero no me ato a ellos, ni dejo que se aten a mí. Mi vida, intima, la comparto con la persona que “yo he elegido, y ha querido aceptarme” o visto desde otra perspectiva “ella me ha elegido y yo he aceptado serlo”, mi compañera, y con mi hijo. Pero ello no me impide, desde la distancia, tener una amistad y una simpatía predilecta con algunas de las personas, que habiendo tratado con anterioridad y con las que hoy no tengo un trato regular, y pensar en ellas a menudo.
Lluis Traverías era uno de esos amigos. Había trabajado con él durante algún tiempo. Era un artista que dedicaba su arte al mundo del espectáculo, al igual que yo. Lluis era escultor, un inventor y un soñador. Sus manos habían creado un mundo de fantasía, realizando mascaras, Gigantes e infinidad de artilugios, para su manipulación en espectaculos teatrales, de gran belleza. Aunque mayoritariamente, realizaba sus creaciones para los espectáculos de la Compañía de Teatro Comediants, en cuyo centro de creación tenía Lluis su taller, casi todas las compañias teatrales de Cataluña, habían utilizado alguna creación suya.
Conocía también, su vida personal, hasta donde se puede conocer la vida de alguien con el que no tienes un trato diario e intimo. Conozco a su mujer Nuri y a sus hijos Biel y Aleix, a los que quería mucho, y ellos le querían a él. Sabía, que los últimos años no habían sido los más felices de su vida, ni laboralmente, ni personal y ahora lo corrobora él mismo con su rubrica final... Vivía aquí en Canet y no muy lejos de mi casa, por lo que me lo encontraba a menudo, en la tienda o de camino a su casa, unas veces a pie, otras en su furgoneta blanca. Solíamos, al cruzarnos, intercambiar algunas cortas conversaciones y hablábamos, por lo general, del momento que vivíamos personalmente. Claro, no profundizabamos excesivamente en nuestras disertaciones, por nuestro personal carácter reservado y poco dado a airear nuestras intimidades y porque nuestros encuentros eran muy rapidos. Pero si que, a veces, yo le notaba, en medio de alguna de las frases, un cierto lamento y un dolor muy hondo que, intuía, estaba provocado por su nueva vida, quizás la soledad. Hacía pocos años que se había separado de su mujer y aún le costaba digerirlo. Pero siempre quise pensar que llegaría y encontraría el momento para salir a flote del remolino del dolor. Siempre quieres pensar que los momentos más difíciles serán la puerta de entrada a los más felices, o al menos a los nuevamente felices.
Ha sido una sacudida muy fuerte la que he recibido al enterarme de su muerte. Era más joven que yo y no le tocaba. Había hecho cosas muy hermosas y había luchado mucho para conseguir lo que tenía... ¿Quizás ya no tenía nada?... ¿Es posible que la separación seguía siendo su cuenta pendiente?... Pero, “¿Acaso los hombres y las mujeres, no nos juntamos por voluntad propia y con consentimiento? Por lo tanto, al separamos, nada, creo, debería hacernos perder la conciencia de quienes somos... nosotros... todos y cada uno... una unidad, dentro del todo... y que ello nos obliga a reconocer el derecho, a ver cumplidos, por igual, los deseos, de la otra o las otras personas,... y con ello, poder continuar por nuestro camino personal...” Estoy convencido que él también pensaba así. Se escandalizaba cuando hablaba de “esos personajes” que en su decepción amorosa y familiar, decidían asesinar a los suyos para paliar su derrotada vida futura, y que llenaban tantas paginas de periódico y minutos de noticiarios. Tras la separación se fue a vivir a un piso y continuó trabajando en los “Comes” como siempre. Veía a sus hijos regularmente y uno de ellos le ayudaba de vez en cuando y aprendía, con él, su oficio. También creo que intentó, realmente convencido, adaptarse a su nueva vida y olvidarse de su derrota personal. Pero hoy constato que para él no han sido suficientes las buenas intenciones... y los deseos de “ir tirando” hasta reencontrar la felicidad.
Quizás, cuando las manos de la ilusión dejan de sujetarnos el alma, todo nuestro ser queda suspendido en la oscuridad de una profunda sima, en la que quizás Lluis pensó podría recobrar la felicidad primera.
Descansa en paz Lluis.
Josu9 de Febrero de 2011